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La importancia de dejar a los hijos jugar solos

La importancia de dejar a los hijos jugar solos

En un mundo bombardeado de tips, consejos y acceso a la información como nunca antes visto, la responsabilidad que ha caído sobre nosotros los padres de estar presentes en todo momento de la vida de nuestros hijos puede ser confusa y abrumadora. Ante este escenario, es lógico que nos preguntemos en qué medida es válido dejar a los niños solos o si acaso esta postura es realmente recomendable hoy en día. 

La soledad en los niños, entendiendo por “soledad” aquellos momentos en donde existe nula intervención adulta sobre su conducta, es un proceso recomendable y absolutamente esencial para el desarrollo de su mente y psique. 

Ya nos había dicho Margaret Mahler, pionera de la psicología infantil, que desde que nacen, los niños no se distinguen de sí mismos y sus principales figuras cercanas. Poco a poco y con ayuda del entorno y su maduración cognitiva, comienzan a darse cuenta que en realidad son seres distintos y separados de quienes los han criado. A este proceso se le conoce como separación-individuación, que vuelve a ocurrir de formas distintas con nuestros adolescentes y su necesidad de no parecerse a sus papás. 

Es justo ese proceso en el que el juego y la dimensión lúdica de un niño cobran importancia: el juego se convierte en una herramienta que refuerza esta noción de individualidad y promueve la creación de un mundo personal y privado. 

Todos tenemos vagos recuerdos de nuestras fantasías de infancia y cómo las interpretábamos jugando: unos eran superhéroes, otros papás, otros veterinarios... las historias eran inmensas y tan variadas como la infinita imaginación de cada mente. Ahora, imagínense por un momento que durante esos episodios, llegaba alguno de tus papás a decirte que así no se usaba tal crayola o por qué no mejor pensar tal o cual cosa... lo inocente y tierno de ese momento se hubiera perdido, ¿a poco no?

Con esto no estoy recomendando que dejemos a nuestros hijos desatendidos ni mucho menos, pero que sí les permitamos ese espacio de soledad supervisada para jugar. Démosles la oportunidad de usar su imaginación como quieran y los juguetes cómo mejor les parezca. Con esto los ayudamos a crear conexiones neuronales y afectivas; es permitirles regresar a nuestros brazos contando con esa libertad.

Así que la próxima vez que nuestros hijos se encuentren hablando solos, sentados en el piso y haciendo uso de las cosas que les compramos, evitemos la tentación de interrumpir o participar y disfrutemos junto con ellos admirando este proceso.

 

Camila López García

Psicoterapeuta Sistémica-Familiar