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El mundo emocional de nuestros hijos: ¿cómo están jugando?

El mundo emocional de nuestros hijos: ¿cómo están jugando?

Existe una verdad psicológica y emocional para todos los seres humanos: aquello que no podemos hablar, se actúa, o visto de otra forma, se comunica. Muchas veces, estos micro-mensajes pasan desapercibidos debido a que el receptor del mensaje no pone atención a quien lo está emitiendo. Sin embargo, si nos damos a la tarea de observar con cautela, nos daremos cuenta que estamos inmersos en un mundo donde constantemente hay comunicaciones de todo tipo.

Cuando un pequeño no tiene la capacidad para expresar sus pensamientos en palabras, debido a su edad o proceso de maduración, el sistema instintivamente recurrirá a otro medio de comunicación: el no verbal u analógico. Es así que entonces podemos ver a nuestros hijos haciendo señales con las manos, expresiones faciales o incluso ruidos en su intento de comunicación. 

Como psicóloga, los papás generalmente me preguntan cómo saber si un niño está bien o mal anímicamente, o si le ha sucedido algo de lo cual no está hablando. Mi respuesta siempre será que observemos detenidamente a los hijos, sobretodo en momentos libres y genuinos. Un ejemplo de estos momentos es el juego. 

El modo en que nuestros hijos juegan delata muchas cosas: su entorno familiar y social, acontecimientos cercanos a ellos, conflictos y miedos; entre otras cosas. ¿Por qué sucede esto? porque nuestros hijos no sólo se están comunicando de esa manera a falta de palabras o explicaciones, sino que elaboran e interiorizan estos aspectos haciendo uso del espacio lúdico. 

¿Qué es entonces lo importante? Observar a nuestros pequeños: ¿cómo dibujan? ¿están dibujando figuras de aspecto tétrico o persecutor?, cuando juegan, ¿qué diálogos inventan? ¿están hablando con groserías o frases de algún adulto en casa?...¿incluyen en el juego a sus hermanos u amigos? ¿se ven relajados?

Hay que recordar que dicha observación debe ser respetuosa y no invasiva (si te lo perdiste, aquí está el artículo de por qué los niños deben jugar solos *leer*). En medida que logremos hacer esto con genuina curiosidad e interés, crearemos un hábito que nos puede ayudar a detectar cuestiones importantes o de riesgo en nuestros menores, así como tener un vistazo a su profundo mundo emocional. 

 

Posdata: se recomienda la consulta a un psicólogo en caso de encontrar conductas anormales en el juego de nuestros hijos. Estas conductas incluyen uso de violencia, palabras o frases no correspondientes a su edad y dibujos con elementos sexuales u órganos sexuales; por nombrar algunos. 

 

Camila López García

Psicoterapeuta Sistémica-Familiar